Iniciar la marcha hacia un nuevo horizonte implica desde el vamos un desafío que no siempre será fácil. Los caminos de la vida son maravillosos pero no por eso intrincados y tortuosos. Elegir la docencia como vocación es una decisión sublime porque en su aparente simplicidad están encerrados desafíos, renunciamientos y no pocos milagros. Cuando hablo de milagro hablo de la cosecha, de la elección de sembrador que hace el docente. Al elegir esta profesión pensamos en un primer instante que ella nos recatará de nuestras carencias económicas y nos elevará a la cima de un mundo materialista y de poder pero gradualmente caemos en la cuenta, nos arrodillamos ante el hecho de saber que esta profesión nos pide el alma, el corazón, nuestros más oscuros y más brillantes momentos, nuestra vida. Y ya todo lo demás es accesorio.
Seremos alumnos, seremos semilla que crecerá o no según lo que volquemos sobre ella; ocuparemos el tiempo regándola o cuidándola, sabiendo que en ella se reproducirán nuestros sueños y más bellos deseos; al tiempo será una planta fuerte y capaz de sostenerse por sí misma y que iniciará el inexorable camino del fruto y la semilla, el milagro vital de la cosecha.
Luciana, Daniel, Vanesa, Vanesa G., Diego y Yanina, alumnos dedicados, docentes en ciernes, caminamos lentamente ante obstáculos que no serán pocos, sorteamos escollos, afrontamos tempestades y salimos ilesos, supimos interpretar el lenguaje de la paciencia, el sacrificio, la dedicación, juntos hemos batallado y en el camino hemos aprendido a respetarnos y a ayudarnos, hemos formado una pequeña familia, sin quererlo, pero orgullosos de ello: fuimos varios al principio, barcos que naufragan, decepciones, muchos que retrasan el paso por esas cosas de la vida; figuras inmensas que llenan nuestra existencia con saberes y aprendizajes, que cargan nuestros bolsillos con optimismo y esperanzas. Hemos saboreado el fruto de la amistad, del compañerismo, entre aquellas vigilias interminables de libros y mates; hemos superado las dudas y las incertidumbres propias de nuestra edad y hemos llenado de gozo el corazón de aquellos que nos aman… hemos navegado por los mares antiguos, por el bello Egeo; nos aventuramos por el Tigris y el Éufrates tras los pasos del inmortal entre huestes de asirios y caldeos; hemos sido espartanos en el estudio, atenienses en la elocuencia, sacrificados como los vikingos o romanos. Nuestras noches se poblaron de cruzados y dragones, de monjes y de herejías; supimos amar y odiar a Lutero, a Leonardo, a Robespierre y a Napoleón; supimos descubrir junto a Colón, Cortez y Pizarro los bellos paisajes de nuestra Latinoamérica…Bolívar, San Martín y Belgrano poblaron nuestras noches ebrias de batallas personales y de historias maravillosas; fuimos aborígenes y criollos, foráneos y nativos, cómplices nocturnos de Fidel y el Che escalando la Sierra Maestra en Cuba; sufrimos juntos a los judíos en la Segunda Guerra y la memoria se hizo carne con los desaparecidos de nuestra dictadura del ’76: Si señores nos hemos emborrachado de Historia, hemos gozado de estas bacanales de libros y de sueños, pues hemos bebido el elixir que nos vuelve inmortales ante el fracaso y la duda. Entendimos que no solo aprende el que escucha sino también que al aprender enseñamos que en nuestro sudor esta el orgullo del docente, que “lo esencial es invisible a los ojos” y que un saber verdadero no se olvida nunca. Hemos dado el primer paso y no ha sido simple la tarea. Quizás mañana, cuando la vida nos sorprenda en el esfuerzo cotidiano, levantaremos la vista hacia el infinito para dibujar con la mirada al Instituto, a mis maestros, a mis compañeros, a mis amigos…
Muchas felicidades y mucha suerte en el futuro…
PROMOCIÓN 2012- PROFESORES DE HISTORIA
INSTITUTO DE NIVEL TERCIARIO- PAMPA DEL INFIERNO