DISCURSO ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA

Momentos Cruciales vive hoy nuestra patria. Asistimos a una renovación lenta y gradual de los sistemas imperantes en Nuestras sociedades latinoamericanas y en especial en Argentina. Venimos de décadas de sinsabores y tragedias colectivas, de despilfarro financiero y de sufrimientos proletarios, pero como país hemos sabido salir adelante a pesar de todos los obstáculos, encaminarnos lentamente, encontrar la brújula y enderezar el barco.

Pero a estas décadas del siglo XX que fueron definiendo a nuestro país, precedieron otras que no fueron para nada fáciles. Es bueno traer hoy a la memoria  los momentos iniciales, el génesis de esta pujante patria, que nació a la vera del  Rio de La Plata pero que necesitó del aporte invaluable de todas las provincias del interior para crecer como nación. Ya Moreno, Saavedra, Belgrano, aquellos primeros gestores de la revolución de mayo iniciaban el camino que llevaría al despegue definitivo de España hacia el año 16. En 1912 llega a Bs. As.  Un personaje que sería fundamental en la decisión de lograr por todos los medios la Independencia nacional: El Gral. José Francisco de San Martín. Este desde su puesto de gobernador de la provincia de Cuyo había presionado para que se lleve a cabo de forma urgente un congreso General que pudiera dictar una constitución y declarar la Independencia; había dicho a Godoy Cruz, diputado por Mendoza en el congreso de Tucumán: “…en definitiva, amigo, seamos libres, lo demás no importa nada…”. Suenan muchos nombres: Laprida, Fray justo Sta. María de Oro, Paso, pero ninguno con la dimensión que alcanzó nuestro libertador correntino por las ansias y dedicación que puso en tal empresa y no descansó hasta saber que realmente éramos libres como nación.

Sabemos que decir independencia es remitirnos a que legalmente no dependemos de nadie, que podemos decidir en forma libre y soberana, pero esto ¿es realmente así? ¿Puede acaso un pequeño comerciante competir con un hipermercado 30 veces más grande? ¿Tiene la decisión en sus manos un empleado que ha obtenido su puesto por dádiva y siente la presión constante de su empleador? O acaso podemos hablar de libertad cuando sabemos que las leyes del mercado no son las mismas con el gran  capitalista que con aquel que menos tiene. Digámoslo con todas las letras: Hoy la libertad es ficticia para aquellos que dependemos de los grandes monopolios, de las grandes multinacionales que depredan nuestros bolsillos y nuestra moral sin contemplaciones; la escases de combustible, la suba del gas, elementos esenciales en la vida de una persona, están sujetas cada vez más a las especulaciones de intereses foráneos e inescrupulosos, sabemos que es difícil luchar contra un sistema deshumanizante y frío, pero no queda otra salida. Tenemos un desafío como ciudadano, como educadores, como simples habitantes de este querido suelo, desafío que se torna arduo cuando pensamos que luchamos contra gigante llamados Burocracia, cipayismo, monopolios, explotación, manipulación y perdida de la dignidad. Conmemorar hoy esa gesta de julio de 1816 tiene que implicar una lucha denodada contra estas realidades tristes pero concretas, una lid sin cuartel en defensa de las convicciones, de la dignidad como persona y saber que uno solo es libre cuando puede hacer uso de esa libertad en todos los aspectos de su vida, cuando puede ejercerla como manda nuestra constitución nacional y no solo rodearla con pompas y platillos cuando la nombramos  en los palcos insulsos y fatuos.

Ojalá que el recuerdo de San Martín y tantos próceres que fueron fieles a su palabra, nos iluminen en nuestro andar cotidiano: ser fieles a la palabra como educadores, ser justos y equilibrados en el uso de la autoridad, ser responsables en nuestro empleo, ser sinceros como dirigentes y sobre todo defender a capa y espada el valor de nuestras convicciones, sin miedos, sin presiones, con plena libertad y en un marco de respeto. Ojalá que así sea.

 

 

                                                                                              F. M.

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